Hojas Sueltas: El Juicio (Segunda Parte). Rolando Ferrer Espinosa.

Ferrer

 

 

Camino a Vegas Nuevas, Santa Clara, Villa Clara, 18 de julio de 2014, (FCP). El día 28 de febrero del 2001, a las 03:00 horas, me despertaron los militares. «Alístate rápido que tienes conduce para el tribunal». Con la mirada de uno de los sicarios sobre mí, me pude asear a duras penas. Me vestí y listo para el encuentro con los magos de la justicia, segunda parte.

Siempre hubo reclusos solidarios con mi causa que se levantaron para darme ánimos y desearme suerte. A pesar de ser aún de madrugada y el horario donde es más profundo el sueño, los hermanos de ideas y simpatizantes acompañaron mi salida al cadalso. Los más experimentados me instruían en cómo dirigirme al tribunal, y hasta en la forma de mirar y pararme.

Esta vez el traslado hacia la Audiencia se realizó en un microbús Mitsubishi, pequeño en comparación con el viejo GAZ V-8 llamado «La Perrera», más funcional en la ciudad y en carretera, donde desarrolla mayor velocidad. Por eso, serían las 03:30 horas aproximadamente cuando se detuvo en mi destino, el Tribunal Provincial Villa Clara.

Allí todo estaba listo. Me esperaban funcionarios del tribunal. Las calles estaban desiertas, nadie se imaginaba que a esta hora me traerían. Al parecer les molestó la recepción dada por los hermanos de lucha el primer día de juicio, esta vez no habría gritos contra el régimen ni aglomeración de personas en la calle y escalinata de la magistratura.

Rápidamente me llevaron hasta una celda que hay al final del pasillo, en el segundo piso, donde está la sala de los delitos contra la Seguridad del Estado. Como calabozo no tiene condiciones ninguna, no tiene baño, ni siquiera previeron donde sentarse. Entonces no tuve otra opción que tirarme en el suelo, fajado con los mosquitos y a esperar porque amaneciera.

Amaneció, pero no fue como hasta las 09:00 horas que fueron a buscarme para llevarme a la Sala de los Delitos contra la Seguridad del Estado. Después del hipócrita juramento de decir sólo la verdad, porque allí sólo se dicen mentiras y tergiversan la verdad, reinició el Circo Romano más que ensayado. Aquel día comparecieron los Testigos de la Fiscalía ausentes a la vista anterior.

En la distancia vi a mi madre, la única que dejaron pasar. Ella me dijo después que salí de prisión, que aquel día me llevó una merienda y no le permitieron hacérmela llegar, a pesar de que yo estaba desde por la madrugada sin comer o tomar algo.

El recinto judicial estaba copado de militares, entre uniformados y vestidos de civil, el juicio era a puertas cerradas, pero la sala estaba bien llena. ¿Quiénes serían aquellos eh? «Nada, seguro que el pueblo»

El juicio fue lento. El presidente del tribunal se demoraba en solicitar las comparecencias y la parte fiscal leía varias veces el mismo documento acusatorio, hacía repetición de los mismos hechos. Además que se ventilaron otras situaciones, fuera de lugar al caso que se analizaba, pero nadie con voz legal se interpuso. Los hechos no concordaban como se presentaron.

En un momento del juicio entró el aguacil de la sala, es un auxiliar del tribunal y de la Seguridad del Estado también, se acercó al presidente del tribunal y le habló en voz baja. Este último dijo que se producía en esos instantes una situación que se debía resolver, entonces dos uniformadas del Ministerio del Interior sacaron a mi madre de la sala, luego a los 30 minutos la regresaron.

Conocí posteriormente que decían que mi mamá traía una grabadora y gravaba el juicio. La requisaron y como es lógico, no encontraron nada. Después del seguroso intento, continuó el proceso con la Solicitud de la Defensa por un tiempo para cambiar su Informe Conclusivo, ya que en el juicio no se había podido demostrar mi culpabilidad en los hechos imputados.

La letrada de la defensa expuso su informe. Solicitó al Tribunal Provincial, que se me diera la Libertad Inmediata por falta de pruebas, luego de quedar demostrado en el Acto de Juicio Oral, la no existencia de elementos que me incriminen en los hechos relatados por la fiscalía, que mis actos no se ajustaban a los referidos delitos de Revelación de Secretos.

Después de las 12:00 horas terminó el juicio. No me pude despedir de mi madre, con las manos esposadas a la espalda intenté tirarle un beso. Con un operativo policial me sacaron por la parte trasera de la Audiencia, donde esperaba la Mitsubishi, y así fui conducido a la Pendiente donde debía aguardar por el veredicto final de los jueces.

¡Ah!, los hermanos de lucha hicieron acto de presencia en las áreas aledañas al Tribunal Popular Provincial Villa Clara, los que pudieron, porque a algunos los detuvieron para no permitirles llegar. Siempre se gritaron algunas consignas por la Democracia y contra el Castrismo. Los perros pudieron morder o ladrar. ¡A mi gente, no la para nadie!

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