Las mieles del poder, Alexander Andrade Guimbarda.

Alexander

 

 

Santa Catalina, Santa Clara, 24 de julio de 2014, (FCP). El 9 de abril de 2003, el ridículo y a la vez siniestro rostro del ministro de relaciones exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque, apareció en la televisión para ofrcer una conferencia a la prensa internacional acreditada en el país.

El canciller informó a los medios allí reunidos sobre el arresto y enjuiciamiento de 75 disidentes, los cuales fueron condenados, en su mayoría, a grotescas penas de prisión.

Pérez Roque declaró ante los reporteros extranjeros, que los encausados pedían que el gobierno de Fidel Castro no fuera aceptado en el Acuerdo de Cotonuo. También, que se aprobara en su contra una resolución condenatoria en la Comisión de Derechos Humanos que sesionaba en Ginebra.

Además, reveló la verdadera identidad de Odilia Collazo Valdez, como agente de los servicios de contrainteligencia del régimen castrista. Esta mujer era la presidenta del Partido Pro-Derechos Humanos de Cuba y una de las personas de más confianza para los funcionarios de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana.

Tras hacer esta revelación, el funcionario del MINREX, entre risotadas de un grupito de acólitos, declaró con sarcasmo, refiriéndose al cónsul norteamericano: « El señor Cason debía saber que en Cuba nadie se chupa el dedo»

Pocos días después, el cierre de la legación de la Comisión Europea, abierta apenas un mes antes, el 10 de marzo, no se hizo esperar. La solicitud del Gobierno cubano para ser incluido en el Acuerdo de Cotonuo, fue rechazada de plano.

En Ginebra, el 17 de abril, se aprobó por la Comisión de Derechos Humanos, allí reunida, un proyecto de resolución auspiciado por los representantes de Uruguay, Perú y Costa Rica, donde se condenaba la situación de los Derechos Humanos bajo el Régimen de Castro y se nombraba un Relator para inspeccionar la Isla.

Por otra parte, era rechazada una resolución presentada por la representación del gobierno cubano, donde se pedía poner fin al embargo comercial de los Estados Unidos contra el régimen de La Habana. El embajador cubano en Naciones Unidas, Iván Mora Godoy, retiró otra propuesta que traía entre manos, pues temía una nueva derrota.

El repudio al régimen castrista, se patentizó en todo el mundo. Tanto por el fusilamiento de tres individuos, que sin causar daños, secuestraron un ferry de pasajeros, como por las largas penas carcelarias impuestas a varias decenas de activistas prodemocráticos y periodistas independientes, condenados injustamente

Desde el Papa Juan Pablo II hasta intelectuales de izquierda como Eduardo Galeano y José Saramago, manifestaron su rechazo ante estos hechos. La esencia grotesca y repugnante del régimen imperante en Cuba quedaba otra vez al descubierto.

Transcurrieron algunos años hasta que, un buen día, se dio a conocer por la prensa oficialista cubana, que varios altos cargos del Estado y el Gobierno, habían sido defenestrados por deslealtad hacia el líder histórico de la Revolución.

Entre los caídos en desgracia estaba el ex canciller que tanto se burlara de las crueles condenas impuestas contra pacíficos ciudadanos, que solo reclamaban sus derechos. Según el mismo Fidel Castro, individuos como Felipe Pérez Roque nunca sacrificaron nada, sino que solo habían disfrutado de las mieles del poder.

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