Misceláneas de problemas Inconclusos. Ramón Jiménez Arencibia.

Ramon

El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 18 de julio del 2014, (FCP). El Movimiento Opositor Cubano sufre desde el mes de enero del presente año, la mayor represalia de los últimos tiempos con el objetivo de liquidar su accionar. Bastan las denuncias hechas a nivel internacional y los videos que recorren el mundo, para demostrar que el régimen totalitario viola sistemáticamente los Derechos Humanos.

Cada día se hace más difícil creer que el régimen cubano por su propia voluntad y para evitar futuros derramamientos de sangre, acepte buscar una solución negociable a la crisis política, económica y social que sufre el país. Son disimiles las posiciones dentro de la izquierda que ejerce el poder en Cuba. Hasta hoy predominan los que defienden los tibios cambios.

Ante cada acontecimiento nacional e internacional, la oposición como tal, independientemente del partido o agrupación política a la cual pertenezca, y pese al incremento de la represión, ha planteado su objetivo de lograr los cambios que el país necesita en forma pacífica. Se ha ganado en conciencia de que se debe impulsar la lucha no violenta como principal arma de combate.

A veces se hace difícil hacerle comprender a algunos de que este es el camino de la victoria, cuando vemos que el represor aplica los métodos más repudiables y antihumanos contra los defensores de la democracia. Ante la actitud de algunos genízaros uniformados, que se declaran ellos mismos bestias, la respuesta es la misma: Queremos una solución pacífica.

La oposición no se encuentra en una posición de intransigencia ante cualquier paso que se de en favor de una transición pacífica a un régimen democrático. Valoramos como positivas algunas limitadas medidas que se han aplicado en el campo de la economía, para salir del estancamiento y de la crisis crónica que padece la nación por más de medio siglo.

Hemos planteado que estas tibias medidas de carácter económico resultan insuficientes. Se debe eliminar todo lo que entorpece el desarrollo de las Fuerzas Productivas. Según los marxistas, y todo parece indicar que la elite gobernante se olvidó de estos principios, que postulan en su teoría que las Relaciones de Producción se vuelven obsoletas y necesitan ser cambiadas.

Estas Relaciones de Producción que deben ser cambiadas para que respondan al desarrollo de las Fuerzas Productivas, no es nada más, ni nada menos, que la eliminación de la centralización y dominio del Estado sobre los Medios de Producción. Se habla de que ha sido fragmentado el estatismo, de que el Estado no es el único dueño, y que han surgido muchos propietarios.

Es innegable que determinadas medidas que se han ejecutado, según el Vicepresidente del Consejo de Ministros Marino Murillo Jorge, responsable de la Comisión de Implementación de los Lineamientos, produjeron un despertar de las fuerzas productivas. En primer lugar se debe considerar la autorización del Trabajo por Cuenta Propia.

Unido a ello, el arrendamiento de tierras sin cultivar, la creación de cooperativas donde antes estaban constituidas las Granjas Estatales, el arrendamiento a los trabajadores de muchos centros gastronómicos con pérdidas. La extensión de los créditos bancarios a la población, y otras medidas que son promulgadas para la Actualización del Modelo Económico.

Ninguna de estas representa cambios sustanciales del régimen totalitario. Se aplican en forma coyuntural y tienen como objetivo salvar al sistema. Los dirigentes cubanos plantean que es para lograr un Socialismo desarrollado y sostenible. Ahora bien, si es así, han tenido que apelar a las armas que ellos dicen melladas del capitalismo.

Para salvar al sistema hubo que retomar la propiedad privada sobre los medios de producción a lo largo de las diferentes etapas en que el país se ha visto envuelto en complejas crisis. Siempre ha sido la iniciativa por cuenta propia la que ha estado en la base de estos cambios que resultan salvadores, para la economía y para la supervivencia del régimen.

Pero ninguna de estas tibias medidas ha cambiado, ni cambiará la fisonomía del régimen totalitario. Junto a ella no han marchado los cambios políticos necesarios que le den solidez y garantía a los mismos. Hasta ahora resultan insuficientes y solo prolongan la permanencia en el poder de un régimen disfuncional, que no debe ser actualizado, sino eliminado.

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