Los jóvenes cubanos y su vocación profesional. José Luis León Pérez.

Leon

El Gigante, Santa Clara, Villa Clara, 1.ro de agosto de 2014, (FCP). El problema de la formación de los trabajadores cubanos, es una cuestión fundamental que se debe analizar sin la demagogia castrista, que está asociada a la idea de los “logros de la revolución”. Esto es un problema que plantea retos, debido a los esfuerzos a ejecutar para rentabilizar los recursos que se destinan a estas actividades.

La “revolución” convirtió la educación en uno de sus “logros”. Al producir resultados como el porciento de médicos por habitante, uno de los más elevados del mundo, o la existencia de un ejército de educadores cuyo intercambio por petróleo para Venezuela, ha permitido al castrismo contar con recursos financieros para afrontar la crisis de su sistema económico.

No hablamos de cuestiones sin relevancia. Los presupuestos destinados a una educación controlada por el Estado, han alcanzado porcentajes muy elevados del gasto público, y subsisten dudas sobre la eficacia de este sector.

Un ejemplo, es el asunto de la ubicación laboral de los recién graduados, tanto de los politécnicos como de la enseñanza superior. En la década de los años 60, el régimen ideó un sistema educativo en el que los niños al terminar la enseñanza básica, se encontraran con una opción profesional, que en muchos casos, era una decisión ajena al núcleo familiar o la vocación personal.

Combinar la Escuela al Campo con otros instrumentos de adoctrinamiento (trabajos voluntarios, escuelas internas…), el estudiante se encontraba inmerso en un camino de dirección y sentidos únicos: pionero, joven comunista, etc., del que resultaba muy difícil, y poco conveniente, escapar. Los que lo hacían, eran condenados al confinamiento intelectual.

La llegada del Período Especial puso en tela de juicio ese modelo. Sobre todo cuando médicos, maestros…, percibían sueldos menores a 20 dólares mensuales, sin que ideas, creatividad o calidad del trabajo recibieran la adecuada recompensa. En contraste a ello, al trabajar en el sector turístico, se podrían obtener ingresos superiores, con apenas educación o formación intelectual.

Así, el arma de dominio del régimen dejó de ser atractiva para muchos jóvenes cubanos. Y trajo como consecuencia el abandono escolar temprano, la no ejecución de profesiones sensibles para la sociedad, entre muchas otras causas. Problemas que han ido a más, y que han obligado a las autoridades a tomar cartas en el asunto en la actualidad.

Ahora, el sistema de planificación quiere poner a los jóvenes en aquellas tareas que tienen una mayor demanda, en los sectores de la producción y los servicios. Es decir, se acabó lo de producir médicos o maestros a lo loco, y se empieza a pensar en atender las enormes lagunas existentes entre cualificación y demanda de trabajo.

La idea de situar a los «jóvenes en correspondencia con las necesidades económicas y sociales del país, teniendo en cuenta las normativas vigentes que regulan el cumplimiento del servicio social y el adiestramiento laboral como parte de este», según la ministra de educación Ana Elsa, es muy correcta a nivel teórico. El problema es su implementación.

Profeso, que es erróneo concentrar los esfuerzos de orientación en aquellos graduados que no pueden ser ubicados en la especialidad que desean. Es evidente que existe un desajuste entre demanda social y demanda del tejido productivo. Tal vez, la entrada de operadores privados en este mercado podría mejorar el balance final. Es cuestión de probar.

Otro problema es el servicio social. El graduado se tiene que adaptar al tejido productivo, que muchas veces, no guarda relación con el cometido principal. Esta es otra cuestión a revisar en profundidad.

No caben dudas que en sistemas de planificación central asfixiante, este tipo de acciones no suele dar los resultados esperados. Existirán jóvenes cubanos que prefieran las opciones laborales en el sector turístico a los puestos que les ofrece el Estado. Muchos médicos y profesionales optarán por la salida al extranjero como única vía de desarrollo profesional y personal. Y el sistema continuará devorándose a sí mismo, sin mejorar la eficacia de su funcionamiento.

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