Métodos manipulatorios represivos: Los capitanes araña II. Guillermo Fariñas Hernández.

Coco

La Chirusa, Santa Clara, 15 de agosto del 2014, (FCP). Al mismo tiempo, que al interior de los movimientos disidentes se crea un Grupo Adulador por la Seguridad del Estado, también se le da vida por parte de la represiva al nombrado “Grupo Detractor”, segmento de infiltrados que poseen las orientaciones de hacer todo lo contrario a los del Grupo Adulador.

Estructura que logra una atmósfera de extrema desconfianza y enfrentamiento entre ambas facciones en el seno de la entidad contestataria. Pero a la misma vez, prepara el camino para a mediano y largo plazo atomizar la entidad anticastrista, fundamentalmente cuando el líder se va al exilio, fallece, cae en una situación de desprestigio o es encarcelado.

Todo Grupo Detractor tiene la orientación específica de los Operativos del G-2, de exagerar los defectos del líder de la agrupación, que como todo ser humano perfectible obligatoriamente debe poseerlos. Al mismo tiempo, que estos deben minimizar o tergiversar las virtudes del dirigente de la agrupación disidente de marras.

Para de un modo general mermar la potestad del liderazgo para que pierda Autoridad Moral ante la mayoría de sus subordinados, algo que socava la adecuada funcionabilidad de la entidad opositora y su ordenamiento interno. Lo que conllevaría a que las orientaciones y directrices provenientes del dirigente sean incumplidas, por los que están en rango por debajo del mismo.

Pero también, minar a la personalidad y prestigio políticos que cada líder opositor trae intrínseco en sí, por el hecho de poseer el valor de enfrentarse a cara descubierta al terror que paraliza a la mayor parte de la ciudadanía. Recuérdese que los opositores en general y sus líderes en particular, son vistos como «Ciudadanos Temerarios» ante el Terror Social.

Precisamente, son los integrantes del Grupo Detractor, los que de un modo sutil deben ridiculizar a todo líder opositor y al que se subordinan en particular, para que este no salga a hacer actividades en las calles junto a sus subordinados. Lo que traería una conducta denominada en Psicología Social «Inercia Moral», que no obliga a todos a ejecutar actos en las calles.

En los últimos tiempos, esta manera de actuar se ha transformado en una tarea prioritaria para neutralizar a los opositores no violentos al castrismo. Esta consiste, en lograr que el dirigente principal de toda agrupación disidente no salga a las vías públicas y después crear en el seno de la entidad prodemocrática un estado de opinión desfavorable por esta conducta del cabecilla.

También, los Oficiales Operativos les orientan a sus agentes, que deben realizar sus críticas, pero tratar que las mismas no lleguen directamente al líder, por lo que las diatribas al ejecutarse estén impregnadas de variadas sutilezas. Además, todo esto logra crear un clima de Complicidad Crítica versus el líder, pues sus detractores lo hacen sin transparencia y a espaldas de este.

Nada de esto es una postura espontanea, porque los Oficiales Manipuladores de la Seguridad del Estado buscan en primer lugar, evitar el enfrentamiento personal con el líder y en segundo, alcanzar una atmósfera de Conjuración Subjetiva contra este. Un grupo de actitudes que van directamente en detrimento del normal funcionamiento de cualquiera entidad política.

Existen todo una galería de frases típicas de estos infiltrados, estas son: «Tu ni te imaginas, las barbaridades que él ha hecho», «yo no sé porque continúo formando parte de este movimiento opositor», «estas cuestiones solo las maneja a su forma de ver las cosas el jefe y no se le puede decir nada» y «estoy cansado de que el jefe nos mande a coger golpes y él en su casa».

Frente a esta táctica de la Policía Política castrista, cada opositor debe y tiene la obligación de identificar por la autenticidad de las insinuaciones de los integrantes de estos dos tipos de grupos de agentes infiltrados. Pero sobre todas las cosas, este debe emplazar de un modo abierto cualquier crítica al líder, sea esta verdadera o falsa.

Cuestión que solo se alcanza, si se niegan a mantener una atmósfera de complicidad con las diatribas de los infiltrados, los cuales son difíciles de identificar, al cambiarla por la transparencia respecto al funcionamiento interno de la agrupación contestataria. Todo lo que se planteé debe llegar a oídos de todos los militantes y principalmente del líder.

La principal responsabilidad en neutralizar, tanto a los infiltrados del Grupo Adulador como del Grupo Detractor, recae en el dirigente de toda entidad opositora al régimen. Ellos están obligados a planificar, alentar, conducir y hacer acciones cívicas, y no olvidar que ninguna revolución ha triunfado sin el riesgo personal de su líder, pues no se triunfa con “Los Capitanes Araña”.

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