Oda al Padre Alberto Chao y Olaortua, José Luis León Pérez.

Leon

El Gigante, Santa Clara, Villa Clara, 8 de agosto de 2014, (FCP). El Padre Alberto Chao y Olaortua, fue un hombre excepcional que tomó como modelo a Cristo y le sirvió como a un San Francisco de Asís. Mortal, que brilló por sus actos de amor y caridad. Nació en la ciudad de Vitoria, provincia y capital de Alava, España, el día 6 de agosto de 1839.

Nunca será suficiente lo que se diga para describir los hechos inspirados por Dios y realizados aquí, por uno de sus más modestos sacerdotes. En un período tenebroso de miserias y luchas sangrientas. Escenario emanado por la guerra entre Cuba y España. Se defendían unos, por el derecho de dominación, y los otros, por el ideal de libertad y de independencia de la patria.

Terrible fue la tragedia: el hambre y la muerte se cebaron despiadadamente con las víctimas. Entonces sobresale magníficamente el Padre Chao. Su abnegación y su amor a Cristo no tienen comparación. Actuó de manera enérgica y sobre tantas calamidades se reveló como verdadero Apóstol.

Los acontecimientos lo obligaron a enfrentarse con el déspota e inhumano Weyler. Convirtió la iglesia parroquial en hospital y en asilo sus dependencias particulares. Prestó asistencia y consuelo a los enfermos. Acogió en su abrigo a los niños y a las mujeres, y dio protección a los ancianos. A todos amparó bajo su techo y así evitó que murieran desamparados en la vía pública.

En el período de la Reconcentración es cuando más se destaca la acción del sacerdote. Carecía de medios de fortuna. Todo lo gastaba en su obra, y agotados éstos, apelaba a la caridad, a la limosna, que demandaba ir de puerta en puerta. Todos en Santa Clara, escenario de su vida y de sus obras, le ayudaban en medio de una situación económica sumamente difícil.

Los recluidos en la Iglesia y en las dependencias de la misma, merecieron el cuidado más solícito y amoroso del Padre Chao. Era aquella casona insuficiente para albergar tanta miseria y el buen Cura, siempre encontraba un hueco donde colocar una cama o extender en el suelo un colchón. Para todos tenía un pedazo de pan, un consuelo y una frase de caridad.

Meses antes de cesar la dominación española en Cuba, Chao había solicitado permiso para regresar a su tierra y había presentado la renuncia a su parroquia. Preparó su escaso equipaje: una pequeña maleta y la ropa que llevaba puesta y… regresó a España.

El 12 de noviembre de 1901, entregó su alma a Dios a causa de un ataque cardíaco. Ejercía su ministerio sacerdotal como capellán del hospital civil de Santiago de Compostela, en la ciudad de Vitoria. Murió como había vivido: pobre y contiguo a los pobres y enfermos.

Durante largos años se conservó en Santa Clara el recuerdo del Padre Chao. En el parque Vidal existió un pequeño monumento que servía de base a su busto colocado en el mismo lugar donde estaba la casa parroquial que él habitó. Tanto la iglesia como la parroquia fueron destruidas en el año1923 para agrandar el parque.

Hoy en la “Santa Obscura” comunista, el monolito se encuentra frente al Teatro La Caridad. Olvidado casi por todos sus hijos. Sirva pues, el ejemplo de este Presbítero a la alta jerarquía actual de la Iglesia Católica en Cuba para acercarse más a las necesidades de su pueblo.

A usted Sr. Padre Alberto Chao y Olaortua, donde quiera que estés, la luz de este comentario, gloria eterna a tu espíritu…, amén.

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