Métodos manipulatorios represivos: ¿Quién desgasta a quién? Guillermo Fariñas Hernández.

Coco

La Chirusa, Santa Clara, 22 de agosto del 2014, (FCP). La lucha por alcanzar la Libertad y la Democracia mediante el uso de métodos no violentos supone el padecimiento consciente de acciones crueles por parte de los organismos represivos. Entidades que poseen la tarea de entorpecer a toda costa, en logro de estos dos status sociales.

Lo que implica, el prepararse premeditadamente en la aceptación del sufrimiento para poder lograr los objetivos antes planteados. O sea, todo Luchador No Violento está obligado a saber, que él soportará un grupo de brutales avatares y circunstancias a veces inimaginables y a su lado padecerán sus familiares o amigos más cercanos.

Éstas pueden ser mediante el exceso en la aplicación de las crueldades por los funcionarios punitivos, las que se dividen en actos físicos y psíquicos. Los primeros implican; producir el mayor nivel posible de daños en el soma y sus sistemas de organismos, mientras que los segundos consisten; en causar perjuicios a la psiquis de los reprimidos.

Existen metodologías represivas diversas y éstas van desde recibir una inhumana golpiza hasta llevar a un opositor al castrismo al suicidio, sin tocarle un solo pelo de su cabeza. Todo depende del nivel de fragilidad de los Mecanismos de Defensa en la Personalidad de éste y de la Capacidad Volitiva ante los obstáculos que les son colocados por los Represores de Oficio.

A un grupo de “proclamados” líderes de la disidencia les ha dado de pronto por afirmar: «No estamos dispuestos a ejecutar acciones cívicas en las calles, porque las mismas traen un desgaste físico, psíquico y hasta social, en lograr el objetivo de democratizar a Cuba». Una opción que es necesario respetarles, pues ellos poseen toda la libertad de determinar sus conductas.

Esto es una cosa y otra bien distinta es, que estos mismos “lideres” se arroguen el derecho de determinar ser críticos públicamente con los dirigentes contestatarios, que sí realizan actos anticastristas en las calles. Estas actitudes de denigrar a otros opositores es una contribución directa o indirecta con las tareas de la Seguridad del Estado.

Si vamos al «gurú» de la no violencia Gene Sharp, este académico describe en su ya clásico libro «De la dictadura a la democracia», un compendio de 198 métodos no violentos. Donde se observan formas sin violencia de combatir tipo «puertas adentro», donde no se sale a las calles y los modos de luchar «puertas afuera», en los cuales los modos de accionar son en las vías públicas.

Sería bueno preguntarse: ¿Por qué, si tanto los opositores que hacen calles como los que no la hacen, tienen un mismo objetivo, que es derrumbar al régimen totalitario que los oprime, unos se critican a los otros? ¿Qué intereses llevan y hasta empujan a unos anticastristas a defenestrar de sus homólogos de ideales?

Los que acuden a la diatriba contra sus «compañeros de ruta», y acusan a los de los actos callejeros de buscar algo denominado Protagonismo. No son otra cosa que unos mentirosos y simuladores, puesto que todo activista político, ya sea este pro-calles o anti-calles, necesita mantener un rol como protagonista político para que sus ideales sean tenidos en cuenta por la mayoría.

Otra motivación para actuar de esta manera, es que se pactó con la Policía Política para desalentar las acciones en las calles y así conservar el status de “líder opositor anticastrista”. A costa de mantenerse en libertad y fuera de las horrorosas prisiones castristas, hasta que por “reacción espontánea” la ciudadanía se libere de la bien engrasada dictadura.

Se olvidan convenientemente estos críticos de las faenas callejeras en la lucha no violenta, que aunque es cierto la decadencia física y psíquica en los sujetos sociales que son los opositores. A su vez, los represores también padecen un proceso de deterioro en lo fisiológico y en lo psicológico, porque ellos del mismo modo son seres humanos.

Aquellos referenciados como “líderes opositores castristas”, todos los que se prestan para asustar a sus subordinados y fundamentalmente a los disidentes seguidores de los dirigentes que hacen actos en las calles, deberían ver los rostros de cansancio y obstinación de los Represores Directos, y responderse con honestidad esta interrogante: ¿Quién desgasta a quién?

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