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Males que Exceden el Medio Siglo, Feliberto Pérez del Sol.

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Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 12 de julio de 2013, (FCP).Corría el verano de 1963 cuando Humberto Medrano publicó en Miami Sin patria pero sin amo, modestísimo libro donde el autor presentó parte de su quehacer literario publicado desde 1960. Uno de aquellos escritos se titula Como fue suprimida en Cuba la libertad de prensa , y justamente habla de los métodos que usó el régimen instaurado por Fidel Castro en enero de 1959 para eliminar tal derecho.

No más este personaje se hizo con el poder, sus groseros discursos hacia aquellos medios de comunicación que habían servido a la anterior tiranía o eran semipropiedad del tirano, o simplemente los que no le eran satélites, dejaron claro que la poca libertad de prensa existente en el país sería reducida. Precisamente a inicios del “glorioso enero” fue que tuvo lugar el primero de aquellos ataques.

El hecho en sí fue que el semanario humorístico Zig-Zag publicó un caricatura donde se veía a Castro subir nuevamente a la Sierra Maestra, solo que ahora no le seguían barbudos, sino hombres con bombines. Al parecer, que dicho suplementocatalogara de adulones o trepadores de ocasión a sus adictos no le hizo mucha gracia, por lo que tildó con tal rabia a Zig-Zag, que vendedores callejeros y de estanquillos se negaron a vender su siguiente número.

Conocido es por muchos que no siempre los ataques de este señor contra la prensa fueron de índole verbal, como tampoco fueron honrados los modos con que incautó varios periódicos. La historia recoge como en ocasiones instó a adeptos suyos a que aplicasen violencia contra estos.

Lo sucedido con el Diario de la Marina, considerado el decano de la prensa cubana, fue uno de esos casos. En septiembre de 1959 una manipulada turba se hacinó frente al edificio y durante horas insultó al rotativo y a su director. Fue este el preludio de una usurpación anunciada.

El Diario había sido fundado en 1832, y no sin razón se le acusaba de aliado español, sobre todo por su postura asumida en las gestas libertarias que los cubanos libraron en 1868 y 1895. Sin embargo, durante el periodo republicano plasmaron allí sus escritos intelectuales como Jorge Mañach y Fernando Ortiz, e incluso, el mismísimo Nicolás Guillén dio a conocer sus Motivos de son en él.

Mucho o poco de lo anterior importó para que el 10 de mayo de 1960 “periodistas” de la recién creada Asociación de Reporteros, por supuesto que autorizados por el máximo líder, asaltaran el local del Diario y se hicieran de este y de una carta donde corresponsales y obreros darían su respaldo al director José Ignacio Rivero. Este último no tuvo otra salida que asilarse en la embajada del Perú y dejar así el edificio del periódico en manos del castrismo.

Lunes de Revolución fue un suplemento literario semanal cuyo primer número salió el 23 de marzo de 1959, pero la dirección política del país, pese a que Lunes era el órgano del Movimiento 26 de Julio, no hiso lo más mínimo por edificarle redacción y talleres propios, sino que sin más ocupó el local del diario Alerta. Si bien este último encarnaba al recién depuesto régimen, lo más sensato no era que sus días acabaran así, sino que su circulación cayera por su propio peso.

También el hombre fuerte de la Revolución desató su carga de injurias contra la prensa extranjera radicada entonces en el país, sobre todo hacia la estadounidense, luego que esta informara el baño de sangre que acá ocurría con motivo de la ejecución a “criminales de guerra”. Estas diatribas tocaron igualmente a agencias noticiosas como AFP y Reuter, así como a buena parte de los rotativos nacionales.

Bien poco o nada ha cambiado desde que Medrano concibió Sin patria pero sin amo y los males que en su interior condenaba. Y si bien durante el actual estío arribamos al medio siglo de editado dicho libro, el papel denunciador e historiográfico que representó en sus días el artículo Como fue suprimida en Cuba la libertad de prensa , es aún un alegato de importantísima vigencia.

Esta caricatura de Zig-Zag provocó el primer ataque de Castro contra la prensa libre

Esta caricatura de Zig-Zag provocó el primer ataque de Castro contra la prensa libre.

Agustín Acosta, Aproximación al Ex-Poeta Nacional (II), Feliberto Pérez del Sol.

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Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 16 de noviembre de 2012, (FCP). Acosta no solo es notable por haber escrito un libro como Ala, obra de obligada cita siempre que se aborde ese período, y que dio paso a lo que se llamó “renovación de la poesía“. La verdadera importancia de este heredero del modernismo encabezado por Rubén Darío, fue levantar su voz estética en varias épocas contra los gobernantes que de un modo u otro laceraban nuestra sufrida patria.

Con la aparición de Ala, Acosta deja claro varios puntos de vista respecto a sus inquietudes y exaltaciones, notándose, en poemas como “Martí”, su gradual atracción y apego por lo que el Apóstol representa. En este canto devela la pasión que la vida y obra, rebelde y redentora, de su figura le ha avivado.

Este glorificar desde tan temprana fecha, que por demás anuncia cuanto será Martí para Cuba y su pueblo, hace de Acosta el primer poeta en elevar su verso para advertirnos el esplendor del Más Grande y Universal de todos los cubanos. En virtud de esa imaginativa visión, el matancero pasa a ser el cantor de la patria y uno de sus hijos más apreciados.

Tras la llegada de Ala brotan rápidamente los aplausos al poeta, y quienes así lo hacen califican el poemario de poseer una exquisitez verbal y riqueza técnica y cromática incuestionable. Abordan también el excelente dominio con que se manejó el lenguaje, del que afirman fluye de forma natural y no forzado.

Juan J. Remos, en el tomo tercero de Historia de la Literatura Cubana, considera que Ala rige “el equilibrio de la tendencia modernista”, y que su autor “es el gran poeta del modernismo en Cuba”. Por su parte, Salvador Bueno en Medio Siglo de Literatura Cubana, estima que con dicha obra Acosta es “caudal idiomático, color, sentimiento acendrado y humilde”.

Aquella primera edición se agota en breve, y el texto pasa a ser catalogado dentro de la categoría de rarezas bibliográficas. Pese a esta buena acogida de la obra, durante todo el siglo XX solo conoció de una reedición, la que en 1958 realizó la Organización Nacional de Bibliotecas Ambulantes y Populares, cuando iniciaron sus Reediciones Isla.

Apenas inicia 1923, casi una década después de la publicación de Ala, aparece Hermanita, su segundo poemario. Pero durante el tiempo transcurrido su actividad instructiva y literaria no se vio disminuida, pues a la par que escribe para importantes revistas del país, en 1918 consigue el Doctorado en Derecho Civil.

La totalidad de los poemas que forman Hermanita,Acosta los concibió entre 1917 y 1923. En estos, y a diferencia de Ala, según Mireya Cabrera Galán, de quien tomo buena parte de los datos para estos artículos,“la musicalidad de algunos de estos poemas apunta a un estilo personal que contribuye a legitimar el parnaso insular”.

Si esta segunda entrega de Agustín Acosta es comparada con Ala, y me remito nuevamente a la especializada opinión de Cabrera Galán, “podrá apreciarse que no predomina aquí la multiplicidad de asuntos que caracteriza a ese primer libro. En tal sentido Hermanita se distingue de aquel por su homogeneidad temática, al remitirse, en lo esencial, a la mujer amada”.

Estaba radicado entonces en Jagüey Grande, pero vivía a la vez en La Habana, lo cual le fue muy ventajoso a la hora de publicar sus versos, pues como casi todos los divulgaba en “El Fígaro”, gozaron así de mayor inmediatez. La estancia en la capital le permitió entablar relaciones con otros intelectuales, como también frecuentar espacios literarios donde ensanchar sus conocimientos.

El 15 de enero de 1923, posterior a la edición de Hermanita, contrajo nupcias con María Isabel Schweyer Davis, a quien dedicó su nuevo libro. Otro suceso trascendental ese año para Acosta fue la instalación de un bufete en el municipio matancero Jagüey Grande, sitio que devino sede de animadas y entusiastas tertulias, y donde Agustín escribió buena parte de La Zafra, poemario que al decir del sabio Fernando Ortiz, todo cubano debería leer.

Cubierta de Hermanita, diseñada por José Manuel Acosta, hermano del autor.

Café, de Diminutivo a Superlativo, Feliberto Pérez Del Sol.

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Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 9 de septiembre de 2011, (FCP). Cada mañana, y aunque en ello empleen la décima parte de su jornal diario, gran cantidad de cubanos saborean un “buchito” de café. Es tanta la preferencia por el aromático grano, que a la hora de consumirlo, no les incomoda la cantidad de dinero a pagar.

La llegada de esta idílica semilla a la Isla, se le debe al puertorriqueño José Antonio Gelabert, quien, en 1748, la introdujo y de prisa, sembró las primeras matas en una finca del poblado habanero Wajay. No obstante, su cultivo masivo no se experimentó, hasta 1789, fecha en que los colonos franceses arribaron a Cuba, procedentes de Haití.

Se sabe además, que antes que Gelabert estableciera su vivero, ya dicha planta era conocida en el país, sólo que como infusión. Este producto se vendió primeramente en las farmacias, pues fueron los médicos quienes primero lo recetaron contra los dolores de cabeza y también, para evitar la somnolencia.

Otros que divulgaron a priori el consumo del café, fueron poetas y comerciantes. Los bardos alegaron el elegante influjo, que le atribuía a la tradición, como antes ya lo había hecho el tabaco, mientras los negociantes todos sabemos el porqué. Del café dijo una vez Fernando Ortiz: “… como el tabaco, es una de las drogas para avivar el seso y sostenerlo en la fatiga…”.

Lo anterior se ha concebido con tal arraigo, que el total de nacionales consumidores diarios de los frutos del cafeto, adictos o asiduos, alcanza un porcentaje mayor del 60, número que demuestra la estrecha relación entre los cubanos y el oloroso néctar. Cifra nada baja, comparada con las 2 500 millones de tazas consumidas al día en todo el planeta.

Tras esta breve e histórica reseña, salta a la luz la siguiente pregunta: ¿De cual arte se valen mis paisanos para beber su dosis diaria, si la ración percápita fijada por el régimen es de cuatro onzas al mes e importan cuatro pesos y en el mercado negro la libra ronda los 50? Esto, sin obviar, que la compra-venta no oficial del producto es penada y el salario promedio acaricia los 350 pesos.

Por cierto, con el anterior monto y a razón de 25,00 por uno, se compran 14,00 Pesos Cubanos Convertibles (CUC), moneda cubana, que también circula. Casualmente, esta suma coincide con el importe de un kilogramo de café molido, el cual se vende en unas tiendas habilitadas para dicho efectivo, únicas entidades autorizadas a comercializarlo dentro del territorio nacional.

Para seguir en lo económico, y molesto por las ganancias, que obtiene el gobierno, desde que fijó en 50 pesos la lata de café comprada al campesino, el cual una vez seco le produce cuatro kilos, inquiero: ¿Si la tonelada métrica de café arábigo, puesta en puertos cubanos, elevó su valor a 5 370 dólares, no es mejor pagarle más el producto al agricultor criollo y evitarse esos costos?

Digo esto, pues presiento la desaparición del popular aroma mañanero en buena parte de nuestros hogares, y de paso, para que se sustituyan importaciones. Pues, si el Estado es quien fija el precio del café a sus productores y luego nos lo vende a las normas del Mercado Mundial, llegará el día, en que no bastarán los salarios para adquirirlo y careceremos, al amanecer, de su peculiar sabor

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Y como no hay razón, que justifique tal extinción, la cual llevará al declive una tradición, que sólo ha faltado, cada mañana, bajo algunos techos, pido, igual a Juan Luís Guerra y La 440 “Ojalá que llueva café”. No solamente en el campo, como clama el dominicano, sino en todo el país, y no perder así, del paladar, el aroma que nos distingue.

En fin, que la sustancia primordial de todas nuestras cotidianas amanecidas, tanto en las zonas rurales como urbanas, no se convierta en algo elitista. Sino, que retome el natural papel que en otra época siempre lo distinguió y se pase de la diminutiva, acostumbrada, familiar y desprendida frase: “quieres un buchito de café”, a la superlativa: ¡Toma una taza de café!

Planta de café, cuya introducción en Cuba, en 1748, se le atribuye al puertorriqueño José Antonio Gelabert .

Descubrimiento: Conquista o Encuentro de Culturas, Carlos Valhuerdi Obregón.

Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 28 de octubre de 2010, (FCP). La Iglesia católica, que peregrina en Cuba cumplió, ayer 27 de octubre, 518 años de haberse establecido en esta tierra. Con la llegada de Cristóbal Colón a esta, “la tierra más fermosa que ojos humanos han visto” comenzó la mezcla de culturas, llegó junto al Gran Almirante la cruz del Redentor y la espada del conquistador.

El 12 de octubre celebra la Iglesia en España la festividad de su patrona nuestra Señora del Pilar, una de las primeras apariciones de la virgen. Casualmente ese día del año 1492, las Tres Carabelas dirigidas por Colón desembarcaban en una isla, que llamaron San Salvador, en el Nuevo Mundo, por lo que en esa fecha se conmemora en Hispanoamérica el “Día de la raza”.

Fecha en que también recordamos el descubrimiento de lo que se llamaría América. Pero cabe preguntarse ¿Quién descubrió a quién? Todo indica que fue mutuo el encuentro, sólo que unos llegaron y otros recibieron. Otra discusión al respecto es la forma que tuvo ese encuentro de dos culturas diferentes.

Sangre, violencia, usurpación, etnocidio, esclavitud y muchas otras cosas negativas sucedieron, esa es la verdad y la verdad no se oculta, sino que se grita a los cuatro vientos, se denuncia para que nunca más ocurran cosas como esas. Pero también junto a la espada del dolor vino la cruz de la evangelización y sacerdotes dignos como Bartolomé de Las Casas.

Con la casi total desaparición de los indios comenzó el mercado de esclavos procedentes del África. Desde su asiento inicial en 1517 hasta que desembarcó el último cargamento de esclavos en 1873 penetraron en Cuba más de medio millón de africanos pertenecientes a una veintena de etnias. Procedían estos de dos familias lingüísticas: la sudanesa y la bantú.

A la primera corresponden los yoruba o lucumí, empleado en los ritos de santería, y el fon o arará usados en ritos de igual nombre. Por su parte a los bantús corresponden las lenguas utilizadas en los ritos congo o palero y en el Efik de la sociedad secreta Habacuá, traída por los carabalíes del sur de Nigeria.

Los negros esclavos aportarán a nuestra cultura, no sólo el mestizaje de etnias, sino también de los elementos religiosos, artísticos, lingüísticos y sociales, que en franco sincretismo con la cultura barroca y de la contrarreforma española, se fundirán. Esta mezcla dará lugar a lo que Don Fernando Ortiz ha dado en llamar: “el ajiaco de nuestra nacionalidad”.

Los esclavos en Colombia tuvieron a San Pedro Claver: “El Apóstol de los Negros”, pero faltó por parte de la Sede Apostólica una condena explícita de la esclavitud, del comercio, trata y explotación de seres humanos. Tampoco se censuró por parte de los moralistas la imposición de una cultura, que trajo la destrucción de las civilizaciones existentes en este Nuevo Mundo.

Algunos hablan de estos hechos nombrándolos como conquista y colonización, otros como encuentro de culturas. Hay un tercer grupo, que persiste en llamarlo como llegada de la civilización y de la doctrina cristiana a los salvajes y paganos de estas tierras, niegan de esta forma toda la destrucción, dolor y sometimiento que este hecho trajo consigo.

Mas es necesario preguntarse: ¿Con qué criterios haremos una valoración real de la historia? ¿Con los criterios de hoy o con los que imperaban entonces? La humanidad sólo hace unos pocos años que ha profundizado, asumido y defendido los derechos del hombre en todos los sentidos. La mentalidad del hombre de hoy no es la misma que la del pasado.

Si juzgamos con los criterios actuales, hechos históricos del ayer, como han querido hacer los comunistas, corremos el riesgo de parcializarnos, sembrar rencores y abrir heridas que los seres humanos del presente no hicimos. Además, si juzgamos a la ligera, actitudes poco edificantes y catalogamos a sus autores de “Hijos de su época”, seremos superficiales y nada críticos.

Lo mejor en estos casos es analizar al pasado sin resquemores ni fantasmas históricos, dejarnos inspirar por los mejores modelos de vida de los personajes ilustres de nuestra patria y por las más convincentes enseñanzas, que la experiencia nos ha legado. Es preciso sacar provecho de la historia para que nunca más se repitan situaciones negativas como esas.

cevalhuerdi@gmail.com